Venezolanos que jugaron un mundial: guillermo el turquito ramírez
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Venezolanos que jugaron un mundial: guillermo el turquito ramírez

Lizandro Samuel
2014-04-10 02:27:12
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Sus orígenes, el Mundial, ¿defraudó esa primera generación mundialista?, ¿es indisciplinado el futbolista venezolano?, ¿cómo vive un futbolista profesional? Guillermo Ramírez habló de eso y más

Vítores entornaron los jugadores del Petare cuando Eduardo Lima le tapó el penalti a Guille. Llaneros iba ganando 0-1 en el Olímpico de la UCV, pero su arco era asediado por un tsunami de buen fútbol que, al final, no sería suficiente ni siquiera para empatar. La jornada 11 del Torneo Clausura 2014 fue especial para El Turquito, no sólo por la victoria, la cual alejó a su equipo de la zona de descenso, sino porque le permitió pasar un par de noches en su hogar, bajo los mimos de sus padres y de sus amigos, lejos de aquel hotel en el que pernocta diariamente para poder jugar con su club actual.

“Estamos en una situación bastante difícil, en donde no le gustaría estar a cualquier equipo, con problemas de descenso. Gracias a Dios se han sacado puntos”, minutos antes de que Guille fallara el penal, Lionel Andrés Messi marcaba el suyo para cerrar una victoria 3-4 contra el Real Madrid. “Estás hablando de Messi”, responde el Turquito cuando inquiero por una de las bromas de uno de sus amigos madridistas quien lo invitó a ver cobrar penales al argentino, “a ver si así aprendía”.

De eso parece tratarse su vida social: de amigos de la infancia con quienes mantiene un vínculo a través del fútbol. “Tú llegas a su casa a las ocho de la mañana y si a esa hora están pasando fútbol de Qatar, es a sentarse a ver fútbol de Qatar”, dice uno de sus amigos más cercanos, quien nos acompaña, la mañana siguiente del partido frente a Petare, en el sofá de la sala del apartamento Ramírez. Y no podía ser de otra forma, al fin y al cabo su padre fue futbolista profesional y sigue manteniendo un idilio con el mundo del fútbol. Una edición de El Gráfico descansa al lado del plasma que transmite el resumen del clásico español, la misma revela sus raíces: de un padre argentino, apodado El Turco, heredó su apodo Guille.

Si bien dicen que en Guanare es toda una celebridad, en San Antonio de Los Altos Mirandinos quien no haya oído de El Turquito simplemente no vive allí. “Jugué en Deportivo Los Castores desde pequeño con el profesor Roberto Díaz… con otros profesores también, con el profesor Cristian, Wolfan, William; no, con muchos, pasaron muchos por allí, de verdad. Estuve ahí hasta los 15 años, pero aprendí todo en esa escuela, le debo todo a esa escuela”, su talento en la cancha correría de boca en boca desde su pueblo natal hasta la cantera más importante del país, “A los 15 paso a la categoría sub 17 del Italchaco que la tenía el profesor Benítez, El Lobo Benítez. Después del último año paso al Caracas sub 17 y ahí continué hasta poder debutar con el equipo de Primera”.

La precocidad de su talento la abría puertas. El fútbol puede ser generoso con quienes saben mimar al balón; igual, no hay que confundirse: el trabajo, más saber dejar cosas de lado, es parte del paquete. “No fue fácil, no fue fácil”, repite agravando la voz al narrar su paso por el fútbol base y cómo hizo para compaginarlo con sus actividades académicas, haciendo viajes de entre una y dos horas: “Era difícil ir a entrenar, porque yo salía del colegio tarde y al entrenamiento siempre llegaba tarde. Tuve el apoyo de mi mamá quien siempre saliendo del colegio me podía llevar; a veces, que no podía, me iba en camionetica o me esperaban, pero eso fue fundamental, el apoyo”, de cualquier forma sería fácil pensar que con un padre tan metido en ese mundo y una talento tan llamativo el camino estaba casi trazado, “Tuve la suerte. Capaz por la constancia, o, como te dije antes, por el apoyo; porque aquí –en San Antonio– había muy buenos jugadores, todavía los hay, que si hubiesen tenido la suerte o el apoyo, la dedicación, quizás hubiesen llegado más lejos, conseguido más cosas, pero no fue así”.

Apoyo, apoyo, apoyo, repite mucho esa palabra, como si se tratara de un movimiento táctico mecanizado; sin embargo, esas cinco letras esconden momentos personales muy fuertes: “A todo chamo le gusta la fiesta, le gusta salir, pero era complicado porque se jugaba los días sábado. Los estudios no los pude terminar. En cuarto año –de bachillerato–, con 16, es que me llaga la oportunidad de subir al primer equipo, con el contrato, que en ese entonces era un convenio; y bueno, tuve la oportunidad de decirle a mis padres, a mi familia, que si me apoyaban, yo me dedicaba al fútbol; y si en cierto tiempo no lograba algo, sencillamente daba un paso al costado y me dedicaba otra vez a estudiar”, los gestos jocosos del chamo Guille intercambiados con su amigo antes de iniciar formalmente la entrevista contrastan con el tono grave y reflexivo que adopta el hombre para responder estas preguntas, “Fue difícil, fue difícil –en alusión al papel que asumió su madre en su decisión–; porque de mi padre siempre tuve el apoyo. Por parte de mi papá, cuando comenté eso, fue como ‘te apoyo, quiero que seas futbolista profesional, estoy contigo’; pero por parte de mi mamá fue más complicado, porque ‘¡los estudios!, ¡los estudios! Quiero que saque los estudios. El bachillerato, el bachillerato’. Es algo que tengo claro que tengo que sacar, porque lamentablemente la vida del futbolista es muy corta, pero después la pregunta que muchos hacen: ¿y después qué?”, ¿y después qué, Guille?, “Me gustaría seguir ligado al fútbol (…)”.

Me sigue sorprendiendo como el muchacho introvertido ante lo ajeno y de risa fácil frente a sus amigos, quien sólo pudo despegarse del teclado de su celular al empezar la entrevista, adopta maneras tan profesionales al hablar. La pausa, su característica dentro del campo, es un símil con lo pensado de cada una de sus palabras: “Fue bastante difícil, pero también me adapté muy rápido”, de su paso por el Caracas recuerda como algunos jugadores le hacían más fácil la adaptación a los jóvenes. Edgar Jiménez y El Pájaro Vera resaltan en su comentario, dos titulares en su posición, la misma en la cual se desenvuelve Guille, “¿A quién no le gustaría estar en el Caracas?, pero, ¿y si no juegas?, ¿si no ves minutos? Es difícil”, exclama pese a “no entender” su salida de Los Rojos del Ávila, sobre todo justo después de haber renovado contrato por tres años.

En aquella plantilla le costaba tener los minutos que luego agradecería en Llaneros, Monagas y otra vez en Llaneros, pese a tener la etiqueta de ser el mundialista.

En una de las habitaciones del apartamento, se muestran diversas camisetas, fotos y reconocimientos cosechados por Guille. En una de las paredes, un papel pálido, sin un diseño llamativo, contiene las palabras: certificado, participación, Mundial, Egipto, 2009.

“Es lo mejor que me ha pasado en mi carrera (…) Hoy día vemos jugadores, contra los que pudimos jugar, en la Liga de España (…) Es una experiencia inolvidable”, de seguir indagando en el significado de esa experiencia creo conocer las respuesta que surcarán sus labios; hay, por otro lado, una cuestión la cual me despierta mayor interés, ¿qué pasó con esa generación mundialista, la cual parece haber quebrado las esperanzas –desmedidas o no– cernidas sobre ella?, “El fútbol es de altos y bajos. Hay que saber aprovechar los altos y superar los bajos (…) No se puede jugar todo”, entonces, ¿quienes emigraron tuvieron un bajón en su carrera?, “Considero que mis compañeros tuvieron un momento alto cuando se fueron a Europa. Pero no es fácil. No jugar: sencillamente no le gustaste al técnico; regresas a tu país… Por eso te digo que el jugador puede tener un momento alto y eso lo debe aprovechar, pero también tendrá bajos, y esos los tiene que superar; si te quedaste estancado, chao, perdiste”, casi todos tuvieron que regresar al país, salvo Salomón quien ya estaba jugando afuera antes del Mundial, ¿es tan marcada la diferencia entre el nivel de nuestro torneo y el de otras ligas?, “Lamentándolo mucho, sí –habla con la seguridad de dar un pase al pie–. El fútbol venezolano tiene mucho por crecer, mucho por aprender; estamos a años luz del nivel europeo”, da la sensación de que las expectativas de la gente son irreales, “A veces el venezolano habla, crítica, sin saber lo que realmente pasa en el fútbol venezolano”, Guille procede a elaborar un símil entre nuestra infraestructura y la de otros países.

Es evidente, y Guille lo deja claro, que todos en este fútbol tenemos mucho por aprender; las diferencias entre dirigentes e infraestructura en relación a otros países es tan grande como el hecho de que cueste tanto ver a uno de nuestros equipos locales trascender en copas internacionales; sin embargo, hay algo asumido con un poco de tabú: la mentalidad del futbolista venezolano. ¿El jugador está a merced de una cultura en la cual sobresale la anarquía y la manera de encarar el mundo sin ningún tipo de responsabilidad? Para entrar en este tema, le pregunto por quien fuera psicólogo de la selección, Manuel Llorens, “Nos ayudó bastante. Es una persona a quien, sacándole la etiqueta de psicólogo, era muy humano, muy amigo, siempre se daba cuenta de algún detalle”, en su libro Terapia para el Emperador, Llorens afirma que en el torneo local no hay ningún jugador con la capacidad de ser líder, pues cuando alcanzan los galones para ejercer tal rol se sienten en la potestad de, en vez de llegar cinco minutos antes, llegar cinco minutos después, “–tras una larga pausa– Creo que tiene toda la razón. Creo que es por la mentalidad del venezolano. Capaz nos llevan mucha diferencia los otros países, por esa misma mentalidad. Creo que el único jugador con el que pude compartir y que de verdad toma ese liderazgo es Juan (Arango); la verdad es admirable”, entonces, ¿el futbolista venezolano es indisciplinado?, “No sólo el venezolano. Creo que cada jugador es distinto, que cada jugador tiene su cabeza, su personalidad, no te puedo englobar a todos porque cada quien es distinto, cada quien tiene su mundo (…) Pero sí está catalogado como un jugador que es indisciplinado”.

Suele surgir la duda, para los alejados del epicentro del fútbol, sobre qué es indisciplina. Dejando de lado las ínfulas de dioses que asumen algunos jugadores, la indisciplina es marcada por soslayar la rigurosa vida de un atleta de alto rendimiento con maneras que, de no ser futbolistas, serían tenidas como “normales” en la vida de jóvenes de 24 años. ¿Cómo es la vida privada de Guille?, ¿cómo mutó su estatus luego del Mundial?, “Me gusta mucho ir a la playa. En ese entonces –llegando del Mundial– teníamos un apartamento en la playa al que siempre me gustó ir con mis amigos. Pero, sí, era difícil. Todo tiene su momento. Nosotros, al llegar ese momento, era como decía Rafa (Romo), nos perseguían, pero todo tiene su momento (…) Uno sabe hasta qué punto puede inventar. Tampoco hay que volverse loco; pero sí, soy una persona que le gusta la playa, echar broma, que la gusta salir, compartir”, ¿tomas?, “–piensa su próxima jugada– Lo necesario. Decirte que no es mentira. Creo que ningún jugador en el mundo es un santo. Lo necesario: saber cuándo, cuándo no, qué hacer, qué no hacer; todo tiene su momento”, ¿y en lo alusivo a las chicas?, “El fútbol hace maravillas –carcajeo–; no, es verdad, el fútbol hace milagros. Tienes la etiqueta ‘ay sí el futbolista’, entonces la chama ‘ay sí el futbolista’, pero… tranquilo; siempre me gustó echar broma, disfrutar y que todo tiene su momento: si se presenta la oportunidad, bienvenido sea. Pero no, ya ahorita estoy tranquilo”, tranquilo gracias al canto del amor, el cual lo obliga a mantener una relación a distancia, pues su novia vive en San Antonio de Los Altos mientras él trabaja, juega, en Guanare, “Es difícil para los dos, tanto para ella como para mí –sus ojos, generalmente apuntando al piso, encuentran los míos con especial franqueza–. Mientras exista la intención de hacer las cosas bien, creo que no va a haber problema”.

No pudo terminar el bachillerato, debe evitar las formas de diversión típicas de la edad y debe vivir a kilómetros de sus seres queridos, ¿vale la pena todo eso por jugar al fútbol?, “Sí, sí vale la pena –toca de primera, sin pensar–. El fútbol vale eso y mucho más”, ¿sí?, “Como muchos dicen: no hay nada más lindo que hacer algo te guste y que te paguen por eso”, eso sí, recuerda que “El futbolista antes de ser futbolista es humano. Todo tiene su momento. Las cosas hay que saberlas hacer”.

Explayado en el sofá parece cada vez más cómodo: pone la pausa cuando la requiere y toca de primera si se siente confiado; me pregunto si será igual si le pregunto por Llaneros y las deudas, “Ahorita el equipo está al día. Es un equipo de altos y bajos. Te puede adeudar uno, dos, y hasta tres meses, pero a la final siempre termina cumpliendo”, ¿cómo pasan tres meses sin cobrar?, “Es difícil. Por lo menos en mi caso, que no tengo que mantener hijos o una casa, es más fácil; pero tengo compañeros que tienen familia, casa, que tienen que pagar carro… es difícil (…) Uno puede hablar eso, pero siempre va a haber versiones distintas: que no hay recursos, que llega el dinero, que no llega, y siempre va a ser el mismo tema”, ¿cómo se combate contra eso?, “Ojalá todos los equipos estuvieran al día, ojalá todos los equipos estuvieran solventes. Creo que el único equipo solvente es Caracas, que depende de sí mismo”, ¿la unión puede ser el camino?, “Es difícil. Se ha tratado en la Asociación, ahí está el ejemplo de la jornada 7, que no salió bien. Eso va a ir agarrando fuerza, pero todavía le falta; creo que de momento los jugadores del equipo y el club (Hipotéticos) tienen que pelear eso solos”. En la jornada 7 del Torneo Clausura la AUFP se negó a jugar por considerar que no se daban las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de los futbolistas; muchos planteles recibieron amenazas por parte de sus directivas, ¿fue el caso de Llaneros?, “Nosotros sí, pero no sólo nosotros; y pensando las cosas después, es algo que se le entiende a ellos como directivos, porque lo pueden tomar como un incumplimiento de contrato, y al no hacer las cosas bien con la Asociación muchos pudieron salir perjudicados. Creo que los más perjudicados fueron los del Atlético Venezuela (…) Las cosas hay que hacerlas bien: o juegas o no juegas, no es que juegan los juveniles, es que sencillamente no se juega (…) La decisión no fue la acertada”, ¿quién falló?, “Creo que todos. No es cuestión de echar la culpa a un lado (…) Ya queda de experiencia”.

El celular de Guille, en la mesa frontal al sofá, enciende una pequeña lucecita con el desespero de sentirse ignorado por casi una hora. Es momento de terminar, y, luego de hablar de tantas cosas –incluyendo el Chita y Farías, a quienes destacó como personas exigentes– me gustaría saber en dónde se ve Guillermo El Turquito Ramírez en 10 años, “En un yate, en la playa… No vale, mentira, jugando, espero que todavía jugando”, sonríe, me estrecha la mano y empieza a revisar su celular.

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